jueves, 6 de octubre de 2011

          LA LAPIDACIÓN, UN EJEMPLO DE BARBARIE

         
          La lapidación es uno de los métodos de ejecución más antiguos de la Historia. Consiste en apedrear a una persona por cometer el "delito" de adulterio.

         El método utilizado es brutal. El reo es enterrado hasta el cuello o atado para que no pueda moverse, mientras los asistentes lanzan piedras contra éste hasta provocarle la muerte. Puesto que el ser humano tiene la capacidad de aguantar fuertes golpes sin perder el conocimiento, la lapidación se convierte en un proceso de tortura que provoca una muerte muy lenta y dolorosa. Al condenado se le tapa la cara con una tela para que no vea los efectos.






         El origen de este atroz método de ejecución aparece por primera vez en el Antiguo testamento en donde los escritores de la Biblia declararon que el profeta Moisés había dicho que Yahvé recomendaba la lapidación para castigar a los blasfemos y las mujeres que no llegaran vírgenes al matrimonio. Pero en el Nuevo testamento en el Evangelio según San Juan se narra que Jesús estaba en contra de esta injusta ley.





         Con el paso de los años y con la aparición de la defensa de los Derechos Humanos, esta práctica ha sido casi erradicada por completo. Aún así existen en la actualidad países de África, Asia y Oriente Medio que siguen llevando a cabo esta práctica, sobre todo contra las mujeres. Estas excepciones se extienden en el seno de países musulmanes en donde se aplica el fundamentalismo islámico, es decir, son de corte social fanático - radical.

         Existen casos concretos de lapidación como la escritora, filósofa y astrónoma egipcio- romana, Hipatia, que fue condenada y lapidada por un grupo de fanáticos cristianos en el año 415 o San Esteban que se convirtió en mártir tras su ejecución.  Pero no debemos remontarnos tantos años atrás; en el año 2003 Jibrin Babají, un nigeriano de 23 años fue lapidado; en el Kurdistán iraquí fue condenada Du ´a Khalil Aswad, en 2007, con la temprana edad de 17 años, al igual que Jaffar Kiani que fue apedreado en Irán por cometer adulterio.






        Afortunadamente y gracias a la presión ejercida por parte de la comunidad internacional defensora de los Derechos Humanos, se ha conseguido que algunas lapidaciones no se llevasen a cabo. Uno de los casos más conocidos es el de Amina Lawal que fue absuelta tras la recogida de numerosas firmas en favor de su vida. Hoy, exiliada de Nigeria, sigue siendo perseguida por la justicia de su país.

         En definitiva podemos decir, que al igual que ocurre con la ablación, la lapidación está extinguiéndose debido a que viola uno de los derechos humanos de primer orden, el derecho a la VIDA.